Home      Latest      Search      Login      Register     
HOT categories
Ebook home > theology occultism >

El Grito Del Hombre : temas de antropología teológica

El Grito Del Hombre : temas de antropología teológica

addthis button
El Grito Del Hombre : temas de antropología teológica

El Grito Del Hombre : temas de antropología teológica Summary:

  El grito del hombre: temas de antropología teológica César Tejedor Campomanes * Editores: Madrid : Marova, D.L. 1980 * Año de publicación: 1980 * Edición: 1ª, 1ª Reimpresión * País: España * Idioma: Español Spanish * ISBN: 842690405X EL HOMBRE, SER EN EL MUNDO conclusión César Tejedor Campomanes 3. REVELACIÓN «El sentido del mundo ­dice Wittgenstein­ debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor. Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de todo lo que ocurre y de todo ser-así» 6 Debemos añadir: el mundo no se justifica por sí mismo, sino por algo que lo transciende: Dios, de quien recibe su sentido; ni tampoco termina en su aquí y ahora, sino que posee un futuro. Así se manifiesta la doble «apertura» del mundo: transcendente e histórica. La Biblia la expresa a través de la idea de creación: Dios, que está en el origen del mundo, está también al final porque le conduce hacia su «nueva creación». a) El mundo como «gratuidad» MUNDO/GRATUIDAD CREACION/GRATUIDAD: El hecho de la Creación rompe la soledad del hombre en el mundo. Este pudo ser primitivamente un interlocutor válido: el hombre «religioso» y el místico pueden dialogar con el mundo; pero el hombre actual ya no puede hacerlo, al menos con la profundidad y sinceridad con que lo hicieron aquellos. Por eso se encuentra solo. Pero si el mundo es creación de Dios, entonces adquiere un significado, ya que se convierte en mediación del diálogo con Dios y ha de ser aceptado como don y como gracia. Es este segundo aspecto el que vamos a considerar ahora, dejando el primero para el párrafo siguiente. Ahora bien, el carácter de gratuidad del mundo significa al menos dos cosas: que existe gratuitamente ante Dios, y que ha sido dado como don gratuito al hombre. El mundo existe gratuitamente ante Dios El tema de la creación del mundo por Dios lleva incluida tradicionalmente la idea de finalidad: Dios crea para su gloria y entrega el mundo al hombre. Surge de aquí una visión «teleológica» (del griego «telos», fin), es decir, una visión del mundo desde y hacia el fin para el que Dios lo ha creado. El cristiano ha sido enseñado a considerar así el mundo. Lo cual no deja de tener algunos inconvenientes graves. El primero de ellos es que, al ponerse el fin de la realidad que nos rodea fuera de ella, tiende a ser desvalorizada, hasta el punto que de ser un «medio» o un «lugar de paso», se convierte en un peligro del que hay que separarse. Pero hay otro inconveniente: el pensamiento filosófico, ya desde los atomistas griegos, pero sobre todo a partir de la Edad Moderna, ha combatido fuertemente la teleología. Spinoza, por ejemplo, en un pasaje famoso de su Etica, se burla de los que piensan que «el mundo ha sido creado para el hombre y éste para Dios». Un mundo concebido teleológicamente, añade, es un mundo concebido «al revés»: la causa no está al final (como causa «final»), sino al principio (como causa «eficiente»). Aquí no hay sino un burdo prejuicio: del hecho que los hombres obran siempre por un fin, han llegado a pensar que la Naturaleza obra también del mismo modo. Menos mal, concluye Spinoza, que las matemáticas ­que no tratan en absoluto acerca de finalidades, sino únicamente sobre esencias y propiedades­ nos han enseñado otra manera de pensar. Sin detenernos en las célebres críticas de Kant a la prueba de la existencia de Dios basada en el orden teleológico del mundo, podemos referirnos mejor a algunos autores contemporáneos. Desde el campo de la biología están las críticas de J. Monod en una obra que hizo mucho ruido: «El azar y la necesidad», a la que ya hemos hecho alusión más arriba. En el campo de la filosofía se ha ocupado especialmente del tema N. Hartmann, cuya última parte de su monumental Ontología se titula justamente «El pensar teleológico» (1954). Hartmann se rebela contra «ciertas maniobras de la metafísica», y en concreto contra su «irresistible tendencia a la teleología». En efecto: «En el principio del humano pensar estaba el fin.» No es posible aquí ni siquiera intentar un breve resumen de cuanto Hartmann dice. Bastará recoger este dato: entre los motivos de la «conciencia ingenua», que no puede pensar sino teleológicamente, se incluye «la repulsa de lo sin sentido», es decir, la «tendencia primitiva a buscar en todos los sucesos un 'sentido' o un 'destino'». Detrás de esta tendencia se encuentra «lo insoportable de lo sin sentido, que se siente como opresivo». Y añade Hartmann: «El hombre se subleva simplemente contra la posibilidad de que no haya absolutamente ningún sentido; con la fe quiere lograr por la fuerza que haya un sentido: no quiere mirar a la cara de lo real como algo absolutamente indiferente para con él.` Cree, en efecto, que la vida no valdría la pena en otro caso. Brega con el destino, con el curso del mundo, con el orden del mundo» (Ontología, V, México, 1964, pág. 244). No hay por qué entrar ahora en una justificación del pensar teleológico. Es un modo de pensar distinto, pero tan válido como otras formas de pensar. Lo que aquí vamos a tratar de mostrar es que, aun prescindiendo del fin, el mundo puede tener un sentido. Es decir, que aun negando que el mundo pueda tener un «sentido» (como fin «en cuyo sentido» se encamina), el mundo no deja de poseer un «sentido» (como valor en sí mismo). El relato de Gén 1 no dice expresamente que Dios cree el mundo con un fin determinado, ni siquiera se deduce claramente que lo cree para el hombre; pero sí dice que Dios se complace en el mundo, que lo encuentra «bueno». En definitiva: Dios ama al mundo (Jn 3, 16): «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia si tú no las hubieses llamado?» (Sab 11, 24-25). Dios es el «amigo de la vida» (Ibid., v. 26). La creación se convierte en un acto de amor gratuito: el mundo es «gracia», y por ello, también, plenitud de sentido. Ha sido llamado y elegido por Dios: la misma Palabra que es vocación para el hombre lo es para el mundo. La idea del amor y complacencia de Dios por el mundo se puede expresar a través del simbolismo del JUEGO, que permite destacar el carácter de gratuidad de la creación. Realmente, el tema no es nuevo. Heráclito decía: «El tiempo es un niño que juega y desplaza los dados: ¡el reino es de un niño!» La oscura sentencia hizo fortuna: Proclo habla del demiurgo que juega haciendo el cosmos, y Clemente de Alejandría de un Zeus que juega un juego de niños. Y Nietzsche pone de manifiesto la gran originalidad de Heráclito, quien ante el juego de unos niños pensó lo que nadie podía pensar: «el juego del gran niño del mundo, Zeus». El mismo Nietzsche dice en otro lugar: «El juego, lo inútil ­como ideal del exceso de fuerza, como lo 'infantil'. La infantilidad de Dios, el niño de niños». El pensamiento hindú se halla en el mismo registro. Dios no crea por necesidad alguna, ni por obtener ningún beneficio: la creación es un juego (lila). Es verdad que según los Upanisadas el mundo se convierte para el hombre en un juego mágico (maya), un sortilegio del que se ha de escapar por la meditación, pero esta otra concepción peyorativa del Juego no elimina la anterior. El Bagavad-Gita hace ver que el mundo no es sino el juego que Dios se ofrece a sí mismo, al «mover todos los seres como marionetas en el teatro». Si los brahamanes pensaron que el hombre debe retirarse del juego, Krishna le pide que participe en él, ya que no se trata de liberarse de toda actividad, sino que la perfección está en la actividad gratuita: «El hombre que actúa con total desprendimiento ha alcanzado el fin supremo.» SIGUE  
 
Download Babylon to translate ebook30.com. read more

Sponsored Links

El Grito Del Hombre : temas de antropología teológica Keywords

  pensar   fin   sino   creación   pero   mismo   hay   ser   aquí   dice   valor   gratuidad   si   ningún   todo   ahora   convierte   puede   niño   hombre temas   ningún valor   quedar fuera   existe gratuitamente   mundo concebido   antropología teológica   tejedor campomanes   césar tejedor   podemos referirnos   mundo podemos   césar tejedor campomanes

Bookmark El Grito Del Hombre : temas de antropología teológica

Hyperlink code:  addthis button
Privacy Policy
Contact: admin[at]ebook30[dot]com
ARCHIVE hit counter